La mente de Cristo: cómo tenerla -  FILIPANOS 2: 5




EL SENTIR DE CRISTO

¿COMO OBTENERLO?



Inocente Hasta no ser Hallado Culpable


Los bebés son hermosos. ¿No es eso lo que cada padre orgulloso piensa al ver a ese pedacito de humanidad durmiendo pacíficamente? La imagen misma de la inocencia. Probablemente no exista algún otro momento en la vida donde el ser humano sea más libre de toda mancha de maldad. 

Pero, un momento. Hay quienes al contemplar a ese mismo bebé ven algo muy diferente. En lugar de una dulce inocencia, ven a un bebé nacido con una naturaleza y herencia tan corrupta que el bebé está perdido y condenado en cuanto respira por primer vez;  una pequeña vida manchada con el pecado de Adán y Eva, a pesar que ese "pecado original" fue cometido miles de años atrás.

¿Qué enseña la Biblia? ¿Nacen los bebés inocentes o culpables?  Y ¿qué significa esto para los adultos, sean Cristianos o no? ¿Viven pecando constantemente, necesitando perdón constante para el constante pecado de una naturaleza corrupta?

¿Podríamos no haber comprendido la pregunta básica de qué es pecado? Para ser más precisos, ¿cuál es la naturaleza de ese pecado por el cual estamos condenados y perdidos por la eternidad?

Veamos algunos textos de la Biblia fáciles de comprender. "y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado" (Santiago 4:17). Ahora, ¿sabe el bebé la diferencia entre lo bueno y lo malo? Y ¿es posible que nosotros no siempre sepamos que es correcto hacer o decir, y sin querer hacemos o decimos lo incorrecto? En ningún caso--ni para el bebé ni el adulto--está el pecado involucrado. Un error, sí, pero no pecado ni culpa.

Quizá Jesús pueda ayudarnos a comprenderlo mejor. Hablando un día a los Fariseos, "Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece." (Juan 9:41). Jesús les estaba diciendo que el pecado no se imputa como culpa cuando no ha habido oportunidad de saber que es correcto. Los Fariseos sin duda habían nacido con la misma naturaleza caída con la que nacimos nosotros, pero esto no era lo que los hacía automáticamente pecadores. 

En otra ocasión Jesús dijo, "Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre" (Juan 15:24).  Fue  cuando  la  luz--Jesús--vino a ellos y ellos escogieron rechazar esa luz, que fueron contados como culpables de pecado.

Entonces, ¿nos está diciendo la Biblia que la condenación y la culpa no son nuestro patrimonio y que nosotros no vivimos automáticamente en un estado de pecado por el "pecado original" de Adán? ¿Nos está diciendo la Biblia que para ser culpables de pecado debemos saber lo que es verdadero y justo, y deliberadamente escoger rechazar la verdad y hacer lo que Dios ha prohibido? Entonces, quizá ese bebé es inocente después de todo y no necesita ser bautizado inmediatamente para lavar su presunta culpa heredada de Adán y Eva. Y también nosotros no vivimos en un estado constante de pecado solo por poseer una naturaleza caída.

Esto significa que la culpa y el pecado existen para nosotros únicamente cuando hemos recibido la "luz". Cuando sabemos lo que Dios desea que hagamos y rehusamos hacerlo (Santiago 4:17), entonces nos volvemos pecadores, necesitados de perdón y limpieza.  El pecado no viene por haber nacido en un mundo pecaminoso con una naturaleza caída por el pecado de Adán. Todo lo contrario, el pecado es la elección que hacemos cuando sabemos la diferencia entre lo bueno y lo malo, y decimos, "Quiero hacerlo a mi manera, porque no me gusta a la manera de Dios."

En cierta ocasión Jesús y sus discípulos encontraron a un hombre que había estado ciego de nacimiento. Los discípulos tenían una pregunta para Jesús acerca de cómo llegamos a ser pecadores. "Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él." (Juan 9:2,3). Los discípulos asumían que su ceguera comprobaba que él era pecador y estaban confundidos acerca de cómo ese pecado pudo haber sido transmitido puesto que nació de esa manera. La respuesta de Jesús muestra que la ceguera y la culpa del pecado no son la misma cosa.

Lo que significa que debemos hacer una distinción entre los resultados del pecado y la culpa del pecado.

Cuando Adán pecó, el mundo entero comenzó un patrón continuo de dolor, sufrimiento, deterioro y muerte. Las plantas, animales y los seres humanos sufren los resultados trágicos de la maldición del pecado. Nacemos en un mundo pecaminoso, de padres afectados por el pecado, con una naturaleza inclinada a pecar. Pero no hay indicación en las Escrituras que estemos perdidos, condenados, o con culpabilidad por ninguno de los resultados del pecado de Adán. El pecado por el cual renunciamos a la vida eterna es escoger desobedecer cuando sabemos cual es la voluntad de Dios.

Un ejemplo claro de este principio lo encontramos en el Antiguo Testamento. "El alma que pecare, esa morirá; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él." (Ezekiel 18:20). El punto es simple. Cada uno somos responsables por nuestros propios pecados--nuestras propias malas decisiones.

Si una vida de pecado es inevitable--por haber heredado un naturaleza humana débil y caída--entonces yo no soy responsable por ella; es culpa y problema de alguien más. Sin embargo, si el pecado es por mi propia elección, entonces yo soy el único responsable y debo tratar con el directamente, en lugar de culpar a alguien más.

El pecado y la culpa solo se originan dentro de las facultades superiores de la mente responsables de escoger entre el bien y el mal.  Todas las personas sufren los efectos de la ley natural como parte del ciclo de pecado en la tierra.  Pero Dios no nos hace responsables por haber heredado un equipo defectuoso.   El pecado es quebrantar deliberadamente la ley de Dios (ver 1 Juan 3:4). El pecado, en su raíz, es amor propio.  Es ponerme a mi mismo por encima de Dios. 

Todos los aspectos de los métodos de Dios para salvar a los pecadores son afectados por nuestro concepto de pecado y culpa. Si el pecado está en la naturaleza que heredamos y estará siempre hasta que Cristo venga, entonces:

1. Jesús no pudo haber nacido con nuestra naturaleza,

2. el enfoque del evangelio debe ser el perdón constante para el pecado constante y

3. nunca seremos libres de pecado hasta que Jesús venga.


Pero si el pecado es por elección propia, entonces:


1. Jesús pudo heredar nuestra naturaleza,

2. el evangelio es ambos, perdón y poder transformador y

3. podemos vivir la vida de obediencia que Jesús vivió.



Jesús, ¿Nuestro Hermano O Un primo Distante?


Cristo Jesús es tanto nuestro remedio para el pecado como nuestro ejemplo para vencerlo (1 Pero 2:21, 22).  Su nombre es conocido y aún las personas tienen muchas incertidumbres acerca de él como hombre. ¿Era el realmente Dios? ¿Era realmente un ser humano? ¿Podía pecar? ¿Fue realmente tentado? ¿Luchó contra problemas y sentimientos como los que nos acosan a nosotros? 

Existen textos básicos los cuales forman un fundamento para entender quien era Jesús. "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;" (Filipenses 2:6,7). Entonces sabemos que Jesús era realmente Dios (Juan 8:58) y que era también hombre. Juan lo afirma aún más claro. "En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;" (1 Juan 4:2).

Pero vamos un paso más adelante. ¿En qué clase de ser humano se convirtió Jesús? "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo.  Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.  Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo." (Hebreos 2:14,16,17). Observe cómo está enfatizado el hecho de que Jesús en si mismo participó de la misma carne y sangre que nosotros poseemos.  

Si Jesús nació de la simiente de Abraham, entonces podemos hacer la siguiente pregunta ¿Qué naturaleza recibieron todos los descendientes de Abraham? Claramente, todos recibieron una naturaleza caída al momento de nacer. Observe también que el versículo dice que Jesús debía ser en todo semejante a sus hermanos (nosotros). No debemos pasar estos versículos de forma superficial o cambiarlos para que concuerden con nuestras ideas preconcebidas. Jesus verdaderamente tomó nuestra naturaleza.

Bajo la ley de la herencia, nosotros recibimos tendencias naturales de nuestros padres; de manera que Jesús recibió tendencias naturales de su madre, puesto que ella era una madre totalmente humana.  Como un ser humano, como nosotros, Jesús heredó los resultados físicos de la caída, como hambre, fatiga, sed y mortalidad, así como también las tendencias que todos nosotros tenemos que batallar en cuanto a rasgos de carácter como el egoísmo, orgullo, envidia y glotonería.  Ningún pasaje de la Biblia sugiere que esta cadena hereditaria entre Maria y Jesús haya sido rota. Muchas veces él se llamó asimismo "Hijo del hombre."

Nos podemos regocijar que Jesús no pretendió eludir lo poco atrayente que era nacer en un mundo caído, de una madre con naturaleza caída.  Ciertamente tenemos un Salvador quien está bien cerca de nosotros. No se puso asimismo en cuarentena para evitar la enfermedad de una naturaleza caída, únicamente dándonos instrucciones, comunicándolas a través de larga distancia.  Se metió directamente al campo de batalla con nosotros.  Con amor tierno toma nuestra mano y nos saca del atolladero en que nos hemos metido, si tan solo le seguimos a El (Salmo 23).  ¡Alabado sea Dios por ese gran Salvador!

Pero, ¿fue Jesús tentado de la manera tan fuerte en que somos nosotros tentados para ceder a una atractiva tentación? ¿Tuvo el que luchar como nosotros tenemos que luchar? Consideremos lo que es en realidad la tentación. No solo nos tienta Satanás, como tentó a Eva y a Jesús mismo, "sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido." (Santiago 1:14). De manera que nuestras tentaciones no vienen únicamente de afuera de nosotros mismos, sino de adentro de nuestra propia naturaleza. Somos atraídos por nuestras propias tendencias e impulsos caídos. La palabra "concupiscencia" es algunas veces traducida como "deseos" o "pasiones." De hecho, la mayoría de nuestras tentaciones quizá surjan de esta fuente. 

La pregunta es, ¿Fue Jesús tentado de esta forma o no? Las Escrituras nos dan un respuesta clara sobre el tema. "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado." (Hebreos 4:15). Una sencilla lectura a este pasaje nos dice que Jesús fue tentado de la misma manera en la que nosotros somos tentados. 

Dado que la mayoría de nuestras tentaciones se deben a los impulsos e inclinaciones de nuestra naturaleza humana caída, si Jesús no tomó esta naturaleza caída, entonces el no pudo ser tentado de la forma en que nosotros somos tentados. No podía ser tentado con las tentaciones que yo tengo de egoísmo, orgullo, enojo, desánimo, concupiscencia, apetito, indiferencia, rebelión y una serie de otras tentaciones más que provienen de mi naturaleza caída.  Pero este texto nos dice que El vivió sin pecado a pesar de ser tentado en todo como yo soy tentado.  Que gran aliento es esto para nosotros quienes debemos vivir nuestra vida entera batallando en contra de una naturaleza que de lo contrario nos destruiría.

Jesús mismo dijo "No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre." (Juan 5:30). En el jardín del Getsemaní, cuando tuvo que afrontar la terrible condena por todos nuestros pecados, oró a su padre diciendo "no se haga mi voluntad, sino la tuya." (Lucas 22:42). El llama a quien desea ser su discípulo "niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame." (Lucas 9:23). Como Jesús, debemos rendir nuestras inclinaciones y buscar hacer únicamente la voluntad de Dios. ¿Porqué es todo esto importante? "Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados." (Hebreos 2:18).    "Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro." (Hebreos 4:16). Porque Cristo tomó nuestra naturaleza y fue tentado en todo aspecto como nosotros somos tentados, nosotros podemos tener confianza plena que en Su nombre podemos acercamos al trono de Dios y saber que El nos dará la ayuda que necesitamos.

Pero existe una diferencia importante entre Cristo y el resto de los seres humanos. Dios le dijo a María, "El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios." (Lucas 1:35).  Ningún otro ser humano ha tenido al Espíritu Santo por padre.  Esta es la diferencia más notable entre Jesús y otros humanos. Jesús fue Dios "manifestado en carne" (1 Timoteo 3:16).

           Porque el Espíritu Santo estuvo al control de su vida desde el momento que fue concebido, Cristo nunca cedió a la tentación de pecar en ningún momento.  A pesar de que su naturaleza era igual a la nuestra, su carácter fue puro y santo desde su  nacimiento. Jesús fue santo desde su primera entrada al mundo y permaneció santo el resto de su vida. 

Las buenas noticias son que yo puedo poseer ese mismo poder controlador del Espíritu Santo y obtener, al escoger rendir mi vida a Dios, la misma victoria sobre el pecado.  Puedo tener esa misma conexión que Cristo tuvo con Dios a través del proceso del nuevo nacimiento. "Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;" (2 Pedro 1: 3,4).  La victoria de Jesús fue notable, no porque siendo Dios actuó como Dios, sino porque siendo hombre no actuó como cualquier hombre. Vivió una vida que supuestamente era imposible vivir. Jesús probó que con Dios lo imposible es posible.  Por la victoria de Cristo, el camino está ahora preparado para que Dios haga lo imposible por nosotros. 



Pecado: ¿Destino o Elección?


¿Cómo puede Dios hacer lo "imposible" en nosotros? Todos somos pecadores---no de nacimiento, por herencia o mala suerte, sino por nuestra propia elección de hacer las cosas a nuestra manera y no a la manera de Dios. "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios," y "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 3:23; 6:23).  Por nuestras propias decisiones merecemos ser excluidos por siempre de la vida eterna que Dios ha preparado para la raza humana. Es únicamente hasta que nos damos cuenta de nuestra condición desesperada que vamos a buscar a Dios para que nos libere de esta situación. En su infinito amor, Dios ha proveído una salida a nuestro dilema y necesitamos encontrar Su remedio en lugar de "remedios" inventados por seres humanos los cuales únicamente nos hacen sentir bien mientras proseguimos en el camino de la destrucción. 

"Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa" (Hechos 16:31). El primer paso es creer en el gran precio que Jesús pagó por nuestros pecados. "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros." (Isaías 53:6). ¿Cómo podemos dejar de amar a Aquel quien dio su vida por nosotros y no arrepentirnos de los pecados que lo clavaron a la cruz (Romanos 2:4)?

Ya que no podemos hacer nada por cambiar nuestras decisiones pasadas, cuando nos arrepentimos (que significa sentir pena por los pecados y renunciar a los mismos) Dios nos perdona. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9). "Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar." (Isaías 55:7, ver también Proverbios 28:13; Mateo 6:14,15). Entonces ya no somos pecadores culpables.  Esto se llama justificación, la cual ninguna buena obra o esfuerzo puede proveer. "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús," (Romanos 3:24).

"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;" (Romanos 5:1).  A cada uno nos es dada una medida de fe (Romanos 12:3). Cuando ejercitamos esa fe, creyendo y confiando en las promesas de Su Palabra, hacemos la paz con Dios (Juan 14:27).

Pero como con todas las partes del evangelio de salvación de Dios, algunos han falsificado este aspecto de la salvación. Algunos cristianos limitan la justificación al perdón de pecados únicamente. Olvidan que el perdón es únicamente la mitad del camino de la justificación. Su punto de vista es únicamente una solución parcial al problema. 

           ¿Cuál es la segunda parte de la justificación? "nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna." (Tito 3:5-7).

Ser justificado incluye limpieza y regeneración, renovación de nuestro entendimiento (Romanos 12:2). Esto es una experiencia del corazón--una transformación completa. Cambia mis valores y comportamiento. Ya no estoy más centrado en mi mismo; ahora estoy centrado en Cristo y en los demás. Ahora tengo el sentir que hubo en Cristo (ver Filipenses 2:5). Ando como El anduvo (1 Juan 2:6).

¿Cómo describió Jesús el proceso de salvación? "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios." (Juan 3:3). Jesús no utilizó la palabra justificación como Pablo, pero claramente enseñó que el nuevo nacimiento es esencial para la salvación.  El nuevo nacimiento no prosigue a la justificación--este es justificación.

"Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.   Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.  Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro." (Romanos 6:6, 7, 11).

El "viejo hombre" es nuestra pasada forma de vivir, en la que el egoísmo controla nuestra vida. Este hombre viejo debe morir y ser reemplazado por la nueva "nueva criatura" (2 Corintios 5:17). Así como viejo hombre y pecado son sinónimos, así también lo son nueva criatura y obediencia (ver Ezekiel 36:26, 27; 1 Juan 3:7; Romanos 2:13, 6:16).

La Santificación es otro elemento del evangelio que debe ser correctamente comprendido. Tiene también dos partes.  ¿Qué significa la palabra "santificar"? "Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación." (Génesis 2:3). El significado más básico de santificación es "apartar para uso santo." Dios apartó el séptimo día para la raza humano para ser usado de forma santa.

¿Cómo se relaciona este significado con los cristianos nuevos? "Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios." (1 Corintios 6:11). Cuando somos lavados y justificados, también somos apartados para uso santo. Ahora Dios no nos ve con nuestros trapos de inmundicia de pecado pero vestidos de la pureza de la justicia de Cristo (Zacarías 3:4; Isaías 61:10)

¿Cuál es la segunda parte de la santificación? "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor." (2 Corintios 3:18). A medida que pasamos tiempo con Dios, vemos más y más su gloria, y llegamos a ser más como El en carácter.  Las santificación implica pasar calidad de tiempo con Jesús a través del estudio personal de la Biblia, la oración y cediendo a sus instrucciones para que seamos transformados a su semejanza. El oró por nosotros: "Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad" (Juan 17:17). Y el Espíritu Santo es nuestra Guía "a toda la verdad" (Juan 16:13).

Pablo da una idea de esta experiencia. "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gálatas 2:20). "Cada día muero" (1 Corintios 15:31). "porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad." (Filipenses 2:13). Nuestra parte es poner nuestra voluntad del lado de Dios.  Debemos morir diariamente a nuestros deseos e inclinaciones naturales. Momento a momento tenemos que pedir y depender de su gracia, su poder para resistir la tentación y obedecer sus mandamientos (Romanos 1:5; Hebreos 4:16; Santiago 4:7, 8). Esta es santificación Bíblica. 

El resultado final es que Dios nos salva a través de la justificación combinada con santificación. Es peligroso decir que somos salvos únicamente por la justificación mientras que la santificación es un fruto de la salvación. La santificación es la que nos prepara para morar en los lugares celestiales.  Morir diariamente al yo es necesario; la santidad es necesaria para la salvación.  "Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor." (Hebreos 12:14). La salvación es mediante la "santificación por el Espíritu y la fe en la verdad" (2 Tesalonicenses 2:13).

"Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos." (Deuteronomio 28:9). Si no estamos viviendo una vida santificada, no somos salvos. Ambas, la justificación y santificación, son los preciosos regalos de Dios para los pecadores perdidos y sin esperanza. 



Sed Pues Santos


En el sermón del monte Jesús nos dijo que fuéramos perfectos, "Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto." (Mateo 5:48). Pero la palabra perfección puede causar molestias. ¿Qué significa realmente? ¿Y qué es lo que no significa? Algunos creen que no es espiritualmente saludable enfatizar el tema de la perfección.  Quizás parte del problema es que podemos ver la "perfección" en al menos cuatro significados diferentes.

Primer significado: "Porque yo Jehová no cambio;" (Malaquías 3:6). Solo Dios nunca se equivoca ni comete errores. Esto es perfección absoluta.  La perfección absoluta nunca será posible para los seres creados porque nuestro conocimiento es siempre limitado y está en crecimiento.

Segundo significado: " Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.  Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto." (Génesis 1:27, 31). Dios creó a la humanidad a su propia imagen--tan cerca a Dios como fuera posible a los seres creados. Esto es naturaleza perfecta. La naturaleza del hombre estaba en completa armonía con Dios y el resto de la creación. Su mente y cuerpo trabajaban juntos perfectamente. Sus impulsos y tendencias se encontraban en equilibrio y en completo acuerdo con la ley de Dios. 

En la Segundo Venida, la naturaleza caída de su pueblo será cambiada por Dios a naturaleza perfecta (1 Corintios 15:51-54). Esto significa que no habrán más insinuaciones pecaminosas adentro de sus corazones. Puesto que tendremos nuestras tendencias pecaminosas hasta ese entonces, este significado no puede aplicar hoy a nosotros.

Tercer significado: "Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente." (Mateo 22:37). En el momento de la conversión, cuando rendimos nuestras vidas completamente a Cristo, somos hechos perfectos delante de El. Lo que Dios requiere de nosotros en el proceso de conversión es que le entreguemos todo nuestro corazón. No aceptará un corazón a medias, en el cual amemos a Dios y al mundo (ver Lucas 16:13; 1 Juan 2:15-17). Dios acepta nuestro carácter rendido y somos contados perfectos en Cristo.

Desde ese momento, comenzamos a crecer y hacer cambios tan pronto comprendamos nuevos requerimientos de la voluntad de Dios para nosotros. Mientras nos mantengamos rendidos a través de este proceso de crecimiento, y nuestra obediencia esté en paz con nuestro entendimiento, continuamos siendo contados perfectos en Cristo.  En términos prácticos, esta es la forma en que mantenemos esa conexión de salvación con Jesús.  El promete ayudarnos a limpiarnos "de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios" (2 Corintios 7:1)

Cuarto significado: "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;" (Efesios 4:13). Dios desea que crezcamos hasta nuestra plena madurez.  Desea llevarnos a alturas que nunca imaginamos. El carácter maduro no es más que la maduración de la cosecha en la vida individual. Somos maduros en Cristo y no escogemos más pecar en contra de Dios.

           Esta madurez es expresada por Juan.  "Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios." (1 Juan 3:9). Este concepto puede ser explicado de una forma simple. Cristo adentro--pecado afuera. No podemos tener a ambos, Cristo y el pecado, reinando en nuestras vidas al mismo tiempo.  En un carácter maduro hemos sido completamente transformados por el poder de Su gracia y por lo tanto no estamos tomando decisiones rebeldes.  Escogemos no rebelarnos en contra de Dios en pensamiento, palabra o acción.

Al definir la perfección, hemos encontrado que los dos significados que podemos aplicar a nosotros en este tiempo presente son rendimiento del carácter que conlleva a su madurez. Pero algunos cristianos no creen que podamos vivir sin pecar antes de la Segunda Venida de Cristo. ¿Es este un sueño imposible? Veamos lo que dice Dios.

"No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar" (1 Corintios 10:13). ¿Hay acaso salida solo para algunas tentaciones o para todas?  Este texto dice que hay salida para todas las tentaciones. ¿Está Dios limitado en su habilidad de ayudarnos a escapar? Este texto dice que hay forma para escapar a cada tentación. No existe ninguna tentación que nos sobrevenga que haga inevitable el pecado. Dios ha prometido que si confiamos en El, El nos dará la salida. 

"Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;" (1 Pedro 2:21, 22). Dios promete que el ejemplo de Cristo al no pecar lo podemos seguido por nosotros.  

"Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Corintios 10:5). Esta es una de las promesas más poderosas en la Biblia. Si de inmediato le entregáramos esos malos pensamientos a Dios, el promete mantenerlos en cautiverio para que no puedan controlarnos. Es obvio que si Cristo controla todos nuestros pensamientos, el pecado no estaría ocurriendo en nuestras vidas.

"Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne." "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece."Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo." (Gálatas 5:16; Filipenses 4:13; 2 Corintios 12:9). La Biblia está llena de promesas de que podemos vencer el pecado y continuamente obtener victorias en la batalla en contra de nuestra naturaleza caída.  (Ver, Salmos 119:1-3, 11; 1 Tesalonicenses 5:23, 24; Tito 2:11-14; 2 Pedro 1:10; 1 Juan 3:6; 4:17; 5:3, 4, 18; Judas 24).

Hay una realidad mas que es importante en el fin de los tiempos. "El que es injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra." (Apocalipsis 22:11-12). La raza humana ha estado viviendo en tiempo prestado--un tiempo de prueba, el cual finaliza justo antes de la venida de Jesús, cuando cada uno haya decidido lealtad a favor o en contra de Dios.

Las personas que están vivas en este tiempo son descritas de la siguiente forma: "Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús." "y en sus bocas no fue hallada mentira, pues son sin mancha delante del trono de Dios." (Apocalipsis 14:12, 5). Estos versículos describen a un grupo de personas que están viviendo vidas sin pecado a pesar de la naturaleza caída, algo que Satanás ha tratado incansablemente de prevenir (Apocalipsis 12:17). Si realmente existe un cierre al tiempo de prueba, entonces una completa madurez del carácter debe ser posible, lo que significa vivir sin ceder a los deseos pecaminosos, en completa obediencia a los mandamientos de Dios.

"Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos" (Ezekiel 36:23)

Dios vindicará su propio nombre al proporcionarle a su pueblo el poder divino para obedecer su ley perfectamente. Esto es de crucial importancia en la resolución final del gran conflicto entre Cristo y Satanás. El poder engañoso del enemigo será destruido de una vez y para siempre (Nahúm 1:9).  A través de su pueblo, Dios proporcionará la última evidencia necesaria para proteger al universo contra el pecado para que éste nunca surja de nuevo. ¡Aleluya!